HISTORIA  

Historia

Escudo y Lema Reglas Carmelita Templo
Introducción.
 

La Hermandad tiene carta de afiliación a la Orden Carmelita desde el 21 de Octubre de 1996, según Decreto firmado por el Padre General, Fray Joseph Chalmers. En el mes de Noviembre de aquel año, la Imagen de la Santísima Virgen visito el Convento del Buen Suceso para presidir el acto formal de entrega. Desde aquella fecha, la relación con la Comunidad religiosa carmelita así como con la Orden Tercera o seglar es estrecha, colaborando activamente en los Cultos organizados por la Hermandad.
 
 
Historia de la Orden.
 

La Orden de los Carmelitas tiene sus orígenes en el Monte Carmelo, en Palestina, donde, como recuerda el II Libro de los Reyes, el gran Profeta Elías luchó en defensa de la pureza de la fe en el Dios de Israel, venciendo en la lid con los sacerdotes de Baal y donde el mismo Profeta, orando en la soledad, vio aparecer una nubecilla portadora de benéfica lluvia después de la sequía. Desde siempre este monte ha sido considerado el jardín floreciente de Palestina y símbolo de fertilidad y belleza. "Karmel" de hecho significa "jardín".

En el siglo XII (quizás después de la tercera cruzada, 1189-1191) algunos penitentes-peregrinos, provenientes de Europa, se establecieron junto a la "fuente de Elías", en una de las estrechas vaguadas del Monte Carmelo, para vivir en forma eremítica y en la imitación del Profeta Elías su vida cristiana en la misma tierra del Señor Jesucristo. Tanto entonces como después los Carmelitas no reconocieron a ninguno en particular con el título de fundador, permaneciendo fieles al modelo Elías ligado al Carmelo por episodios bíblicos y por la tradición patrística greco-latina, que veía en el Profeta uno de los fundadores de la vida monástica. Habiendo sido construída una pequeña iglesia en medio de las celdas, la dedicaron a María, Madre de Jesús, desarrollando el sentido de pertenencia a la Virgen como la Señora del lugar y como Patrona, y tomaron de ahí el nombre de "Hermanos de Santa María del Monte Carmelo". El Carmelo por este motivo está profundamente ligado a Elías y a María. Del Profeta ha heredado la pasión ardiente por el Dios vivo y verdadero y el deseo de interiorizar la Palabra en el corazón para testimoniar su presencia en el mundo; con María, la Virgen Purísima Madre de Dios, se empeña en vivir "en obsequio de Jesucristo" con los mismos sentimientos de intimidad y profundidad de relación que tuvo María.

Este grupo de ermitaños laicos para tener una cierta estabilidad jurídica se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Alberto Avogadro (1150-1214), residente en aquel tiempo en San Juan de Acre, en las cercanías del Monte Carmelo. Este escribió para ellos una norma de vida, entre el 1206-1214. Sucesivas aprobaciones de esta norma de vida por parte de varios papas ayudaron al proceso de transformación del grupo hacia una Orden Religiosa, cosa que aconteció con la aprobación definitiva de tal texto como Regla por Inocencio IV en el 1247. La Orden del Carmelo fue de este modo inserta en la corriente de las Ordenes Mendicantes.
Hacia el 1235, sin embargo, los Carmelitas debieron en parte abandonar el lugar de origen, a causa de las incursiones y persecuciones de los sarracenos, que estaban reconquistando la Tierra Santa, retomándola a los cruzados. Regresaron en general a los países de origen en Europa.

Bien pronto se se multiplicaron y florecieron en la ciencia y en la santidad. Con el tiempo se acercaron a los religiosos algunas mujeres, que se transformaron en el 1452 en monjas que vivían en propias comunidades.

En los siglos XV-XVI hubo cierto relajamiento en diversas comunidades, combatido por obra de Priores Generales como el Beato Juan Soreth (+1471), Nicolás Audet (+1562) y Juan Bautista Rubeo (+1578) y por algunas reformas (entre las cuáles la de Mantua y la del Monte Oliveti en Italia y la de Albi en Francia) para poner freno a la profusión de abusos y mitigaciones. La más conocida es ciertamente la llevada a cabo en España por Santa Teresa de Jesús para la reforma de las monjas y después de los religiosos, ayudada por San Juan de la Cruz y el P. Jerónimo Gracián. El aspecto más importante de la labor de Santa Teresa es no tanto el haber combatido la mitigación introducida en la vida del Carmelo, cuanto más bien el haber integrado en su proyecto elementos vitales y eclesiales de su época. En el 1592 esta reforma, llamada de los "Carmelitas Descalzos" o "Teresianos" se hizo independiente de la Orden Carmelita y tuvo un gran desarrollo en las dos Congregaciones de España e Italia, reunidas después en el 1875. Se tienen así dos Ordines del Carmelo: la de "Los Carmelitas", llamados también de la "Antigua Observancia" o "Calzados", y la de "Los Carmelitas Descalzos" o "Teresianos", que consideran a Santa Teresa de Jesús como su reformadora y fundadora.

A pesar de esta división, en los siglos sucesivos la Orden Carmelita continuó su camino espiritual. Numerosos religiosos y religiosas ilustres dieron vida al Carmelo con su espiritualidad y su genio. Grandes avances se dieron también entre los seglares con la institución de la Tercera Orden del Carmen y de las Cofradías del Escapulario del Carmen en varias partes del mundo. En los siglos XVII y XVIII se expandió por algunas partes el movimiento de la más estrecha observancia con la Reforma Turonense en Francia y con las de Monte Santo, Santa María della Vita, Piemonte y Santa María della Scala en Italia.

Al inicio de la Revolución Francesa la Orden Carmelita estaba ya establecida en todo el mundo con 54 Provincias y 13,000 religiosos. Precisamente a causa de la Revolución Francesa la Orden del Carmelo sufrió graves daños, de modo que al final del siglo XIX se vio reducida a 8 Provincias y 727 religiosos. Sin embargo fueron estos pocos religiosos los que durante el siglo XX, con valor y determinación, restablecieron la Orden en aquellos países donde habían estado presentes anteriormente, así como también implantaron el Carmelo en nuevos continentes.
 
El Carisma.
 

El carisma es un don que proviene de Dios y es dado a la Iglesia para el mundo. Puesto que a veces el don se refiere a una Orden Religiosa, se dice que tal don ha sido dado por Dios a un individuo o a un grupo, para una nueva familia religiosa en la Iglesia. Este regalo se transmite por los siglos y se enriquece por cuantos son llamados a vivirlo. El carisma de cada familia religiosa es el modo particular con el cual sus miembros son llamados a seguir a Cristo. Ya que todos los cristianos siguen a Cristo, los carismas tienen muchos elementos comunes, pero el modo con el que se presentan más relevante da a cada grupo religioso su impronta particular. La Iglesia ha invitado a todas las familias religiosas a redescubrir el propio carisma originario y de hacerlo vivo en cualquier cultura y en cualquier tiempo.

El carisma de la Orden del Carmen es el regalo de Dios dado a los primeros ermitaños reunidos junto a la fuente del Profeta Elías en el Monte Carmelo, al final del siglo XIII. La Orden del Carmen no conoce un fundador, pero ha nacido del deseo de aquellos primeros eremitas de vivir en obsequio de Jesucristo con corazón puro y recta conciencia. Ellos pidieron a San Alberto, Patriarca de Jerusalén, que les escribiera para ellos una fórmula de vida (c. 1206 - 1214) en conformidad con su ideal.

La Regla de San Alberto y la experiencia vivida por los Carmelitas, mientras han buscado ser coherentes con ella en varias ocasiones, ha dado una forma definitiva al carisma. Podemos decir que el carisma carmelita se compone de varios elementos. El primero, y el más importante, es el seguimiento de Cristo con dedicación total. Los Carmelitas alcanzan este ideal con la formación de comunidades contemplativas al servicio del pueblo de Dios en medio del cual viven. Por tanto, para todos los Carmelitas la fraternidad, el servicio y la contemplación son los valores esenciales de sus vidas.
 

La Fraternidad.

Los Carmelitas tratan de formar comunidades donde cada uno se sienta aceptado y valorizado no por lo que pudiera ser, sino simplemente por lo que es. Este tipo de comunidad es en sí mismo un testimonio de que el amor de Cristo puede romper las barreras construídas por los hombres y permitir a personas de varias nacionalidades y culturas el vivir juntos en la paz y en la armonía. Los Carmelitas son también conscientes de formar una fraternidad internacional, presente en diversos países del mundo.

El servicio.

Los ermitaños se vieron obligados a abandonar su morada en el Monte Carmelo y a establecerse en Europa. En este nuevo ambiente cambiaron su estilo de vida de ermitaños a religiosos. La diferencia principal es que los religiosos son llamados a servir al pueblo de Dios en el apostolado. Algunas Congregaciones religiosas han sido fundadas para un apostolado específico, pero la Orden del Carmen busca de responder a las necesidades de la Iglesia y del mundo según el tiempo y el lugar. Por este motivo muchos Carmelitas se dedican a las parroquias, escuelas, universidades, centros de retiros espirituales, cárceles, hospitales, etc. El servicio prestado por cada religioso depende de las necesidades de las gentes en medio de las cuales viven y trabajan.

La Contemplación.

El corazón del carisma carmelitano es la oración y la contemplación. La calidad de la oración determina la calidad de la vida comunitaria y del servicio ofrecido a los otros. La meta final de la vida carmelita es la unión con Cristo. Nosotros tratamos de vivir en la presencia de Dios y de aceptar su voluntad en nosotros. Esto nos obliga a escuchar a Dios que nos habla de varias maneras, pero de modo particular con la Sagrada Escritura. La oración es el modo con el cual nos acercamos a Dios, y al tiempo que crecemos en la amistad con Cristo, nuestra oración se convertirá cada vez más sencilla. Nuestra relación con Cristo nos transforma, nos impele a salir de la cárcel de nuestro egoísmo y a caminar hacia el amor puro por Dios y el prójimo. Somos llamados a conseguir un camino de fe, durante el cual somos purificados de todo aquello que no es Dios, a fin de que podamos revestirnos de Cristo. Hacemos lo posible por responder a la llamada de Dios, pero somos conscientes de que al final, sólo Dios puede cambiar nuestros corazones. Esto nos enseña a esperar pacientemente su venida. En el seguir a Cristo con confianza, nos sirven de inspiración los ejemplos y las virtudes de María, la Madre de Jesús, y del Profeta Elías.

Dado que el carisma se da para provecho del mundo entero, para los Carmelitas la oración y la contemplación no son cuestiones privadas entre el hombre y Dios, sino dones que se deben compartir con el mundo. Por este motivo en la Orden existe una cierta propensión por el ministerio de la oración y de la dirección espiritual. El Carmelita es consciente de que la transformación del corazón humano por parte de Dios puede estar escondida a los ojos de los hombres, pero el resultado final es muy importante para nuestro mundo. El camino de la oración es misterioso y va más allá de la razón humana. La oración nos introduce en el Misterio Ultimo.

 

El Escapulario.

 

 

Uno de los signos de la tradición de la Iglesia, desde hace siglos, es el Escapulario de la Virgen del Carmen.
Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmen como manifestación externa de amor a María, de confianza filial en ella y como compromiso de imitar su vida.
La palabra "escapulario" indica un vestido superpuesto, que llevaban los monjes durante el trabajo manual.
Con el tiempo se le fue dando un sentido simbólico: el de llevar la cruz de cada día, como discípulos, y seguidores de Jesús. En algunas Ordenes Religiosas como el Carmelo, el Escapulario se convirtió también en signo de su manera de ser y de vivir.
El Escapulario pasó a simbolizar la dedicación especial de los Carmelitas a María, la Madre del Señor, y a expresar la confianza en su protección maternal; el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás. Se transformó en un signo mariano.

De las Ordenes religiosas al pueblo de Dios.

En la Edad Media, muchos cristianos quisieron asociarse a las Ordenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas. Surgió un laicado asociado a ellas, por medio de Cofradías o Hermandades.
Todas las Ordenes religiosas quisieron dar a los laicos un signo de su afiliación y participación en su espíritu y en su apostolado. Ese signo era una parte ! de su hábito: la capa, el cordón el escapulario.
Entre los carmelitas se llegó a establecer el escapulario reducido en tamaño, como la señal de pertenencia a la Orden y la expresión de su espiritualidad.

El sentido espiritual del Escapulario.

El Escapulario hunde sus raíces en la tradición de la Orden, que lo ha interpretado c omo signo de protección materna de María. Tiene, en sí mismo, a partir de esa experiencia plurisecular, un sentido espiritual aprobado por la Iglesia Católica:
Representa el compromiso de seguir a Jesús, como María, el modelo perfecto de todo discípulo de Cristo. Este compromiso tiene su origen en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios. La Virgen nos enseña a:
vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos de la vida;
escuchar la Palabra de Dios en la Biblia y en la vida, a creer en ella y a poner en práctica sus exigencias;
orar en todo momento, descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias;
Vivir cercanos a las necesidades de nuestros hermanos y a solidarizarnos con ellos.
Introduce en la fraternidad del Carmelo, comunidad de religiosos y religiosas, presentes en la Iglesia desde hace más de ocho siglos, y compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa: la amistad íntima con Dios en la oración.
Coloca delante el ejemplo de los santos y santas del Carmelo, con los que establece una relación familiar de hermanos y hermanas.
Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna, mediante la ayuda de la intercesión y protección de María.

 

Normas prácticas.

El escapulario es impuesto, sólo la primera vez, por un sacerdote o por una persona autorizada.
Puede ser substituido por una medalla que tenga por una parte la imagen del Sgdo. Corazón y por otra la de la Virgen.
El Escapulario exige un compromiso cristiano auténtico: vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, recibir los sacramentos y profesar una devoción especial a la Sma. Virgen que se expresa, al menos, con la recitación cotidiana de tres Avemarías.

Fórmula breve para la imposición del Escapulario.

Recibe este Escapulario, signo de una relación especial con María, la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu dedicación al servicio de los demás y a la imitación de María.
Llévalo! com o señal de su protección y como signo de tu pertenencia a la familia del Carmelo, dispuesto a cumplir la voluntad de Dios y a empeñarte en el trabajo por la construcción de un mundo que responda a su plan de fraternidad, justicia y paz.

El Escapulario del Carmen.

No es:
• un signo protector mágico
• una garantía automática de salvación
• una dispensa de vivir las exigencias de la vida cristiana

es un signo:
• aprobado por la Iglesia desde hace siete siglos
• que representa el compromiso de seguir a Jesús y María:
• abiertos a Dios y a su voluntad
• guiados por la fe, la esperanza y el amor
• cercanos a las necesidades de los demás
• orando en todo momento y descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias
• que introduce en la Familia del Carmelo
• que aumenta la esperanza del encuentro con Dios en la vida eterna con la ayuda de la protección e intercesión de María.

 

          

© Hermandad Del Carmen Doloroso

Iglesia de Omnium Sanctorum

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