Carta de despedida del Hermano Mayor

José María Ferrero Dorado se despide como hermano mayor tras cuatro años al frente de la Hermandad.

Queridos hermanos en Cristo:

Hoy termina una etapa muy importante de mi vida. Después de cuatro años al frente de nuestra Hermandad, dejo el cargo de hermano mayor y entrego el testigo a una nueva Junta de Gobierno que hoy empieza a caminar.

No es fácil resumir en unas líneas lo que han significado estos años. Cuando asumí esta responsabilidad lo hice con mucha ilusión, con humildad y vocación de servir a la Hermandad y a sus hermanos. Sabía que tenía mis limitaciones y que el cargo me exigiría mucho más de lo que entonces imaginaba, pero tenía claro el camino que, a mi juicio, debía seguir la Hermandad y las ganas de trabajar para recorrerlo. Hoy, al mirar atrás, puedo decir que ha sido una experiencia extraordinaria, con muchas alegrías, con dificultades, con decisiones que no siempre fueron fáciles y con personas que nunca voy a olvidar.

Siempre pensé que un hermano mayor está para servir más que para mandar, y estos cuatro años me lo han confirmado. Servir es escuchar, intentar comprender, procurar acertar cuando toca decidir y aceptar que no siempre se puede contentar a todos. No sé si estuve siempre a la altura. Seguro que hubo veces en que debí escuchar más, entender mejor o hacer las cosas de otra manera. Lo que sí puedo decir es que lo intenté, incluso cuando no era fácil.

De todo lo vivido me quedo con las personas. Con quienes estuvieron siempre dispuestos a ayudar, con quienes tuvieron una palabra de ánimo cuando hacía falta, con quienes compartieron conmigo las preocupaciones y las alegrías. Y también con quienes, desde la discrepancia, me enseñaron que hay muchas maneras de querer a la Hermandad.

Hicimos lo que creímos mejor para ella, cuidando lo recibido y avanzando todo lo que pudimos. No quiero hacer un balance de lo realizado, pero hay dos acontecimientos de estos años que no puedo dejar de recordar: la restauración de nuestros Sagrados Titulares y el estreno del nuevo palio de la Santísima Virgen del Carmen. El palio no fue obra de una Junta, sino el resultado del esfuerzo y la generosidad de muchos hermanos, y haberlo visto hecho realidad es una de las mayores alegrías que me llevo.

Pero más allá de lo realizado, me quedo con haber compartido estos años con tanta gente que, casi siempre sin hacerse notar, consigue que la Hermandad siga viva cada día. Y si de este mandato queda algo, ojalá sea haber ayudado, aunque sea un poco, a tener una Hermandad más unida y más cercana a sus hermanos.

A quienes habéis formado parte de la Junta de Gobierno conmigo, os doy las gracias. Hemos compartido muchas horas de trabajo y buenos ratos, pero también preocupaciones y decisiones difíciles. Sé lo que os ha costado, el tiempo que habéis quitado a vuestras familias, a vuestro trabajo, a vuestra vida. No siempre pensamos igual ni coincidimos en todo, pero nos unía lo importante: queríamos a esta Hermandad y sabíamos que estaba por encima de nuestras diferencias. Gracias por vuestra lealtad, por vuestra confianza y por haber hecho este camino conmigo.

Gracias también a los hermanos que colaboran en las distintas áreas, a los que participan en los cultos, en la estación de penitencia, en la formación y en la caridad, a nuestros jóvenes y a todos los que dan su tiempo sin pedir nada. Sin esa entrega, muchas veces silenciosa, la Hermandad no sería lo que es.

Gracias a todos los hermanos por la confianza que pusisteis en mí. He tratado de corresponderla con dedicación y con honestidad. Y si en algún momento no he sabido atender o comprender a alguien como merecía, le pido perdón de corazón.

A mi familia le debo más de lo que sé decir. Ellos han vivido de cerca las renuncias, las ausencias y las preocupaciones que trae este cargo, y han estado conmigo en las alegrías y también en los malos ratos. Sin su generosidad, estos cuatro años no habrían sido posibles.

Siempre he tenido presente que la Hermandad no es nuestra. La recibimos de quienes nos precedieron, con su historia, sus tradiciones y todo el trabajo que hicieron, y nos toca cuidarla y entregarla a quienes vengan después. Ninguna Junta empieza de cero ni puede atribuirse sola lo que se consigue. Las personas pasamos; la Hermandad permanece, y esa continuidad tenemos que cuidarla entre todos.

Hoy empieza una nueva etapa y quiero felicitar de corazón a José Luis Oliva y a toda su Junta de Gobierno, que cuentan con el amplio respaldo de los hermanos, expresado en el Cabildo General de Elecciones más participado de nuestra joven historia. José Luis, permíteme que te hable a ti en particular, no solo como hermano mayor desde hoy, sino como hermano y, sobre todo, como amigo. Me hace muy feliz entregarte el testigo, y lo hago con todo el cariño y la confianza que sabes que te tengo. Deseo que vivas esta etapa con ilusión, que tengas fuerzas cuando lleguen los momentos difíciles y que disfrutes de todas las alegrías que también te esperan. Sé que pondrás todo de tu parte por nuestra Hermandad.

A ti y a tu Junta os deseo mucho acierto y que contéis con el apoyo y la comprensión de todos los hermanos. Ahora es vuestro tiempo: vuestras ideas, vuestros proyectos, vuestras decisiones, con total libertad. Quienes hemos tenido este cargo tenemos que saber dar un paso al lado, estar disponibles si se nos necesita y dejar trabajar con tranquilidad a quienes vienen detrás. Para lo que pueda ayudar, contad conmigo.

Yo vuelvo a ser lo que nunca he dejado de ser y lo que más orgullo me da, por encima de cualquier cargo: un hermano más del Carmen. Mi vínculo con la Hermandad no empezó cuando me eligieron ni se acaba hoy con esta despedida. Los cargos tienen principio y fin; ser hermano del Carmen, no. Seguiré viviendo la Hermandad con la misma devoción, la misma ilusión y el mismo cariño de siempre.

En los días buenos y en los malos he encontrado en Nuestro Padre Jesús de la Paz y en Nuestra Señora del Carmen la fuerza para seguir adelante. A Ellos acudí cuando necesité ayuda y a Ellos les doy gracias por haberme permitido vivir estos años como hermano mayor. Les pido que sigan cuidando de la Hermandad, de todos sus hermanos y de quienes desde hoy asumen la tarea de gobernarla.

Me voy tranquilo, porque di lo mejor que supe, y agradecido por todo lo compartido. Han sido cuatro años que no olvidaré, por lo que viví y por lo que aprendí.

Gracias por vuestra confianza, por vuestro cariño y por haberme dado la oportunidad de servir a la Hermandad como hermano mayor. Ha sido un verdadero honor.

Que Nuestro Padre Jesús de la Paz y Nuestra Señora del Carmen nos mantengan siempre unidos.

Un fuerte abrazo en Cristo.


José María Ferrero Dorado
Hermano Mayor (2022–2026)

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